Hay una leyenda urbana que dice que a los hombres no nos gustan las mujeres fuertes en el cine. Chorradas. Nos encantan. Gina Carano tuvo una oportunidad de oro con esta película hace años. Lo que pasó después, es un misterio. Como su personaje.
Sinopsis
Mallory Kane (Gina Carano) es una contratista independiente que trabaja en operaciones encubiertas a través de una sociedad interpuesta; lo que normalmente se entiende por un mercenario. Un día cualquiera entra en un pequeño restaurante de carretera, donde se encuentra con otro «operativo» (Channing Tatum). Lo que empieza como una conversación casual, deriva rápidamente en una violenta pelea que termina con Mallory escapando en un coche con otro de los clientes del local, que ha intervenido para ayudarla.
Mallory le explica que unos días atrás participó en el rescate de un ciudadano chino, por encargo de un personaje llamado Rodrigo (Antonio Banderas). Todo salió bien, pero al regresar a su casa recibió un nuevo encargo, que la llevaría a un hotel de Dublin. Su misión parecía simple: acompañar a un agente del servicio secreto británico (Michael Fassbender) en una operación de contacto.
Al llegar al lugar del encuentro, una lujosa mansión en el campo, descubre que la persona a la que ayudó a rescatar está muerta y que sostiene en su mano un broche que le entregaron para que la reconocieran en el aeropuerto. De regreso al hotel, el agente británico intenta matarla, pero consigue vencerle y emprende una huida, en la que intentará averiguar quién y por qué le tendieron la trampa.
Comentario
Haywire tiene una de las mejores escenas de lucha que he visto en años. Pero en años. Son poco más de dos minutos y medio, transcurre entre sombras en una habitación de hotel, y tiene una iluminación amarillo-verdosa en la que el operador se ha esforzado por no corregir la luz y mantener el realismo de la escena. Como digo, una de las mejores escenas de lucha que he visto en años.
Gina Carano es una luchadora de artes marciales mixtas retirada, que llegó a ocupar uno de los puestos más altos de la competición. Es alta (175 cm) y estaba en muy buena forma, compitiendo en la categoría de 66 kilos. Te digo esto para que comprendas que esta mujer sabe lo que es dar hostias y patadas de verdad. Nada de lucha libre escenificada. Nada de combate a los puntos. No. Un ring de forma octogonal cerrado con una verja acolchada, dos luchadores y un árbitro. Y vale casi todo.
Bueno, pues con esas condiciones Gina llegó a ocupar el tercer puesto de la clasificación mundial, recibió el premio a la mejor luchadora del año en 2008 y mantuvo su nariz intacta. Porque si hay otra característica en Gina es que es una belleza de mujer, con una sonrisa franca en la boca y en los ojos, que te encanta ver. Quizás por tener esas dos cualidades (talento atlético y belleza) en algún momento le empezaron a ofrecer trabajos de modelo y actriz en pequeñas producciones, iniciando una carrera profesional como actriz de la que ésta fue su segunda película.
Salió tan bien, que recibió una nominación del Premio de la Crítica en 2013 a la mejor actriz de acción y se llevó el premio Chuck Norris (si, hay un premio con su nombre) en la misma categoría el año anterior. Y es que, como te decía un poco más arriba, es una maravilla ver a esta mujer en acción. A diferencia de otras actrices a las que se ve que han dado un par de instrucciones mal dadas para levantar el brazo, Gina se mueve como una pantera, enlazando un golpe con otro con total naturalidad. Lógico.
Michael Fassbender dijo que había disfrutado como nunca de la pelea, no por algún sórdido fetiche sexual, sino por la intensidad y realismo del trabajo. Lo que pasó a partir de ahí, es un misterio.
Un equipo de lujo, un guión incomprensible
Haywire tiene todos los ingredientes para haber sido un exitazo: buenos actores, un director de prestigio, una temática popular y una actriz que gozaba de la simpatía del público. ¿Por qué no ha tenido continuidad? ¿Qué es lo que ocurrió?
Steven Soderbergh es un director que se estrenó con una buena película (Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo), que dio la campanada con tres o cuatro exitazos en los 90 (Ocean’s Eleven, Erin Brokovich, Traffic) y que luego se diluyó en el cambio de siglo, con una decepción tras otra. Haywire le pilla justo en medio de su época decadente, después de hacer la estupenda Contagion. Lo que le ha quedado es el auro de buen director y una red de contactos que le permite levantar el teléfono y llamar a quien quiera, que casi seguro que responde.
Porque de otra forma no se entiende que consiguiera poner a Michael Douglas, Michael Fassbender o Channing Tatum en el mismo proyecto, como secundarios de una actriz principiante, en la que todos ellos tienen poco más de cinco minutos de tiempo de pantalla.
Y digo que no se comprende porque un tipo capaz de hacer Ocean’s Eleven o Erin Brokovich, historias en las que no dejan de pasar cosas durante todo el rodaje con un ritmo envidiable, hiciera esta película con tremendos altibajos, en las que hay abundantes momentos en los que no pasa nada. Carano no es una buena actriz. Es un personaje con carisma. Una mujer bella y atlética con un talento innegable, pero no es una actriz que te convenza de gran cosa. Y aunque la película dura solo 93 minutos, hay momentos en que se hace larga.
Pasa por ahí al fondo Bill Paxton, un poco delgado, haciendo de padre carismático. Ewan McGregor es el malo malísimo y Antonio Banderas hace de malo aún más malo, doblándose a sí mismo con ese espeluznante acento que se pone.
El argumento es un poco enrevesado. Hace falta verla dos veces para terminar de comprender quién engaña a quién. Las motivaciones nunca quedan claras, más allá de «todo por la pasta» y no hay personaje que dure demasiado en pantalla. En resumen, una película de acción más que aceptable, una maravillosa presencia de Gina Carano en pantalla y unas escenas de lucha antológicas. Recomendable para una tarde de sábado de sofá y palomitas, si quieres ver a una mujer inteligente, guapa y dando hostias convincentes por todos lados.