A medio camino entre una historia de aventuras, de catástrofes y romántica, The Naked Jungle es una estupenda película que dejó conmocionados a los críos de dos generaciones, con la visión de personas y animales devorados por las hormigas. A mí entre ellos.
Sinopsis
Joanna Selby (Eleanor Parker) afronta una nueva etapa de su vida, tras aceptar un matrimonio por poderes en Nueva Orleans con un rico terrateniente. El problema es que ese terrateniente vive muy lejos, en algún rincón perdido de la jungla ecuatorial, no le ha visto nunca y ella jamás ha estado en un sitio tan apartado de la civilización.
Durante el último tramo del viaje, remontando el cauce de un río, intenta averiguar detalles sobre su marido, su modo de vida y el futuro que le espera. Todo el mundo habla bien de él, al menos como hombre de negocios, pero no dicen mucho sobre su personalidad, carácter o planes de futuro. Cuando Joanna llega a su destino encuentra una pequeña isla de elegancia en medio de la jungla, en una mansión ricamente decorada.
Christopher Leiningen (Charlton Heston) se muestra correcto pero frío y distante, sin mostrar ningún entusiasmo por conocer o intimar a su nueva esposa. Sus objetivos son pragmáticos: quiere legar el resultado de su trabajo a una descendencia inexistente. Incapaz de trasladarse a la civilización para contraer matrimonio, opta por traer el matrimonio a su rincón del mundo. Pero al enterarse que Joanna es viuda, expresa un profundo rechazo y le transmite su deseo de anular el matrimonio y devolverla a la civilización.
Cuando está a punto de iniciar el viaje de vuelta, las comunicaciones se cortan y todo el mundo emprende la huida. Un ejército de hormigas soldado, una marabunta, atraviesa la región como una marea de muerte que se come todo lo que encuentra. La plantación está en su camino y nadie sabe si conseguirán escapar con vida de esa situación. Enfrentados al peligro, Chris aprende a apreciar a Joanna mucho más de lo que estaba dispuesto a aceptar.
Comentario
Hay unas cuantas películas que se quedaron fijas en mi memoria durante mi infancia. Alguna como Silent Running (que ya he comentado alguna vez), The Dark Hole o ésta misma. Recuerdo perfectamente la escena en la que uno de los empleados de la plantación se queda dormido mientras vigila la llegada de la marea de hormigas y se despierta cubierto de ellas. En la escena siguiente, lo único que quedan son los huesos y un montón de jirones de ropa.
The Naked Jungle es una producción que aún se encuentra metida de lleno en el Hollywood clásico, con sus decorados brillantes, sus protagonistas impecablemente peinadas y maquilladas en medio de cualquier escenario y su recreación romántica de otras culturas y pueblos. Pero aun así la historia empieza a mostrar algunos rasgos de rebeldía y profundidad. Porque el protagonista, Leiningen, no es un héroe impecable, sino un perfecto miserable desde el primer momento en que abre la boca.
No es que sea misógino, que lo es. No es que sea borde, que lo es. No es que sea machista, que lo es para cualquier época. No es que sea brusco, que lo es. Y tampoco es que sea despectivo, que lo es. Es que es todas esas cosas al mismo tiempo. Aunque la película tiene como tema de fondo una invasión de hormigas asesinas, éstas no aparecen hasta pasada más de la mitad del metraje. Hasta ese momento es más bien una historia romántica en la que nos preguntamos cuánto tardará el personaje de Heston en dejar de comportarse de esa forma.
Joanna se ha visto atraída por los logros del hombre, no por su fortuna. Narra la forma en que leía sus cartas, cuando le encarga a su hermano que busque una esposa por encargo, y considera que ella puede ser la mejor opción. No deja nada atrás y espera encontrarlo todo por delante. Hasta aquí es una buena historia romántica de aventuras.
El largo camino de una parábola nazi
A ver cómo te lo digo. El guión se basa en una historia corta de Carl Stephenson, un escritor austriaco que emigró a Estados Unidos en algún momento entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Su cuento se publicó en Esquire en 1938 y a su vez es una traducción de otra historia corta publicada en una revista llamada Die Neue Linie. Vamos, que Stephenson plagió la idea.
Esta revista fue una de las primeras publicaciones en dirigirse a la clase media europea (alemana) y fue muy innovadora en su momento. Lo malo es que, a medida que el partido nazi fue ganando fuerza, tomó el control de su contenido y terminó por convertirla en un panfleto propagandístico.
La historia original no se centraba en Leiningen, sino en las hormigas, a las que presentaba como un ideal social que había que imitar, cogiendo ideas de otro libro «Die Staaten der Ameisen» (Los Estados de las Hormigas), de Wilhelm Goetsch. Las hormigas eran disciplinadas, fuertes y tenían un fuerte sentido del deber social, hasta el punto de que algunas de ellas sabían que su misión era sacrificarse en beneficio de la comunidad. «In dem der eine erkennend schweigend verzichet, der andere freudig opfert und gibt«.
Palabras extraídas de la primera edición de Mein Kampf de Hitler. Vaya historia, ¿eh?
Tras la Segunda Guerra Mundial todo el mundo carraspeó un poco. Stephenson la reescribió como una novela, quitó unos cuantos elementos conflictivos, añadió otros más aceptables y le quedó una historia de superación personal muy digna, que rápidamente se convirtió en un guión de Hollywood…
… al servicio de un joven Charlton Heston que aún no era la súper-estrella de Los Diez Mandamientos, pero que ya había hecho unas cuantas cosas interesantes, como The Greatest Show on Earth o Dark City.
Por ahí al fondo está William Conrad, secundario de carácter que domina cada escena en la que aparece con su firmeza y control. Él mismo protagonizaría varias adaptaciones radiofónicas de la historia en los años siguientes.
Eleanor Parker está maravillosa. Es la personificación de una mujer con carácter, que se enfrenta a lo que la vida le planta delante con entereza, y que termina siendo una pieza clave para que las cosas salgan bien en la historia. Como decía un poco más arriba, todo es un poco de cartón, un poco teatral y un poco forzado, como corresponde a una producción de aquella época, que no buscaba realismo, sino carácter.
A Heston y a Parker les sobra carácter en la película y los fallos de ésta, que los tiene, se pueden disculpar sin problemas. Son sólo 93 minutos y se pasan bastante bien.