Lady in the Van, 2015

The Lady in the Van (Nicholas Hytner, 2015)

El autor de la novela, Alan Bennet, dijo una vez: «era una mujer difícil y excéntrica; pero, sobre todo, era pobre. Y los pobres no merecen estos días una segunda mirada». Una película lenta y tan difícil como su protagonista, pero muy interesante.

Sinopsis

Mary Shepherd (Maggie Smith) es una mujer anciana, pobre, sucia, irritable y molesta. Deambula por las calles de Londres aparcando una desvencijada furgoneta donde puede, en la que vive y acumula trapos, basura y los misterios de su vida. A menudo la echan de los sitios en los que aparca, ante lo desagradable de su presencia y comportamiento, siendo víctima de los gamberros que ven en ella una víctima fácil.

En su peregrinaje, termina frente a la casa de Alan Bennet (Alex Jennings), un escritor de teatro que goza de cierto éxito y que ha terminado por disponer de los medios para adquirir una casa en el barrio de Camdem Town. Pero si Alan pensaba que su casa iba a convertirse en un remanso de intelectualidad londinense, salpicada de tardes de bridge y tea, estaba muy equivocado.

La mujer de la furgoneta se instala en el camino de entrada de la casa, donde aparca y toma posesión de ese rincón, del que no se moverá en quince años. Con el tiempo, Bennet irá descubriendo, desde su ventana y con un escaso contacto personal, las circunstancias que han llevado a esa extraña y huraña mujer a vivir de la forma en que lo hace, perseguida por miedos y fantasmas de su juventud.

Comentario

Soy absolutamente incapaz de entender por qué clasifican esta película en todas partes como una comedia, cuando no tiene ninguna gracia. O por qué el cartel promocional parece anunciar una comedia coral, donde mucha gente risueña rodea a una adorable ancianita, cuando no tiene nada de adorable.

La ancianita es un personaje desaliñado, irritable, irritante y sucio. No tiene ninguna cualidad positiva. No es una historia de redención, en la que alguien que arrastra un oscuro secreto se redime y encuentra la felicidad con personas que (por fin) reconocen su valía y humanidad tras los harapos y el mal olor.

No. La historia es desagradable y dramática, cosa que no mejora a medida que avanza. La mujer de la furgoneta empieza siendo una persona brusca y desagradable y termina siendo una persona brusca y desagradable. El autor que la mira desde su ventana empieza siendo un pelmazo estirado y termina siendo un pelmazo estirado. Y los vecinos son en su mayoría un grupo de elitistas superficiales y terminan siendo un grupo de elitistas superficiales.

Es una crítica que comparten muchos: la historia no tiene desarrollo. No avanza. No pasa nada. Sólo es una sucesión de situaciones chocantes una tras otra. Y no esperes que el personaje de Maggie Smith empiece a suavizarse y reaccione con ternura ante los ocasionales gestos de amabilidad de su entorno, porque no lo hace. Como te digo, es un cardo y termina siendo un cardo.

¿Dónde está el interés entonces? Buena pregunta.

El valor del arte como espejo de la vida

En la promoción de la película se dice que es una historia «mayormente» verídica. Es cierto que hubo un escritor de teatro, llamado Alan Bennet, que se trasladó a vivir a Camden Town a principios de los años 70. Es cierto que hubo una mujer indigente llamada Mary Shepherd que vivió en el acceso a su casa, metida en una furgoneta amarilla, unos quince años. Es cierto que era una persona sucia y extravagante, con un pasado complicado y mucho sufrimiento personal. Así que, dejando de lado la adaptación narrativa para condensar década y media en 104 minutos de metraje, lo que vemos es algo que ocurrió más o menos como nos cuentan. Tan cierto, como que la película se rodó en la misma casa donde ocurrieron los hechos.

Lo que pasa es que nos está llegando una versión muy, muy, muy alterada de la realidad. Los hechos de la historia tuvieron lugar entre 1974 y 1989, hace unas cuatro décadas. Bennet encontró en el incidente material para un ensayo, un libro, una obra de teatro, una adaptación radiofónica y, por fin, una película. Así que lo que tenemos es una historia filtrada por los recuerdos de Bennet, sesgada por su narración teatral, y alterada por la interpretación del director. Y luego está la interpretación de Maggie Smith, que por sí sola hace que puedas olvidar todo lo demás y centrarte en ella.

Maggie Smith es una actriz británica que ha hecho de todo. Ha interpretado a brujas, tías ricas, nobles y pobres en cine, televisión y teatro. Tiene un amplio reconocimiento de público y crítica y cuando la ves asomar entre los harapos que la han puesto, te crees que es una vieja vagabunda. Es increíble cómo lo hace. Algo de experiencia tiene, porque ya había trabajado antes en otras obras de Bennet e interpretado el mismo personaje en teatro y radio, así que se lo conocía bien. Pero eso no le quita mérito al resultado.

Todo lo contrario que ocurre con Alex Jennings o el resto de reparto. Jennings es especialmente lamentable, añadiendo su personal colección de tics y manierismos al personaje de Bennet, que de por sí es una zanahoria estrafalaria. Y los demás se limitan a hacer una obra de teatro sin gracia, sin darse cuenta que estaban participando en una película. Como te digo, bastante lamentable todo.

Pero, pero, pero… Detrás de todo eso, detrás de las malas interpretaciones, el metraje largo y la historia estancada, tenemos un momento para descubrir lo que nos decía Bennet al principio: los pobres no merecen una segunda mirada. El se la echó desde su ventana y creó una abundante obra en torno a esa anécdota. Una obra sobre cómo una mujer que amaba la música quedó recluida en sí misma y en una vieja furgoneta, aterrorizada por sus recuerdos e incapaz de superarlos.

El arte como espejo de la vida, en forma de una película de poco más de hora y media que se hace larga, pero que nos da la oportunidad de pensar dos veces en esas personas que terminan a nuestro alrededor en la pobreza. No la veo como una película de redención para sus protagonistas, sino como una oportunidad de reflexión para el espectador. Para que la próxima vez que pasemos junto a uno de ellos y nos genere rechazo por su olor, conducta o aspecto recordemos que es una persona que, posiblemente, lo haya pasado bastante mal.

En su crudeza, falta de desarrollo, guión estancado y dirección errática quizás haya una buena oportunidad para recordar que, en la vida real, las historias no siempre terminan bien. Y, como te digo, Smith da una lección de interpretación memorable que compensa todo lo demás. Muy recomendable.

The Lady in the Van

0.00
5.8

Premisa

8.0/10

Guión

3.0/10

Interpretación

9.0/10

Producción

5.0/10

Factor "La volvería a ver"

4.0/10

Pros

  • La interpretación de Maggie Smith
  • La recreación de la historia
  • La oportunidad para pensar

Cons

  • El guión, lento y estancado
  • Alex Jennings, patético
  • Los secundarios, más patéticos