Quizás un poco olvidada en el tiempo, Bullitt fue una película impactante en el momento de su estreno y merece la pena echarle un vistazo. No tanto por la historia, que se me hace un poco simplona, sino por el enorme carisma de McQueen como protagonista.
Sinopsis
Frank Bullitt (Steve McQueen) es un teniente de la policía de San Francisco al que encargan la protección de un testigo de cierta importancia, cuyo testimonio es trascendental para un político (Robert Vaughn). A las pocas horas de iniciar la operación, mientras atiende una cena social con su pareja, la habitación de hotel en la que le esconden es atacada y el testigo acribillado a tiros.
Bullitt acude rápidamente a la escena para descubrir que también han herido gravemente a su compañero, que se ocupaba del primer turno de vigilancia. Trasladado al hospital, el testigo fallece a las pocas horas, dejando a Bullitt en una situación tremendamente comprometida, y perplejo ante el testimonio de su compañero, que asegura que el ataque estaba preparado.
Ante la presión del departamento, del político y su propia situación, Bullitt decide ocultar el fallecimiento durante unas horas, en la confianza de poder descubrir al asesino. Lo que descubre, sin embargo, es que el testigo podría no estar muerto y que hay intereses más complejos de los que aparecen a primera vista.
Comentario
Si buscas mínimamente por Internet, verás que Bullitt es una película con bastante prestigio y que todos los comentarios la ponen por las nubes: que si una gran película policíaca, que si una obra maestra del cine de los 60, que si un ejemplo más de la presencia de Steve McQueen en la pantalla. Pero si hay algo que destaca en Bullitt es una famosísima secuencia de acción, con una persecución de autos por las calles de San Francisco.
Para valorar el impacto de Bullitt tienes que comprender que la película se estrenó en 1968. Lo más parecido a una película de acción de ese año fue Hasta que Llegó su Hora o El Planeta de Los Simios. No podemos juzgar la persecución de Bullitt con las referencias de hoy, después de haber visto la mejor persecución de coches de la historia en Ronin y de habernos saturado de secuencias de vértigo a toda velocidad con cada sucesiva entrega de La Guerra de las Galaxias.
Muy de vez en cuando había grandes secuencias de acción, sobre todo bélicas, y lo más parecido a una persecución en coches podía ser la carrera de cuadrigas de Ben-Hur, rodada diez años antes por William Wyler. Peter Yates fue un director bastante irregular, con exitazos como Bullitt, fracasos como El Abismo y joyas perdidas como Sospechoso. En El Gran Robo ya demostró su habilidad con las secuencias de acción y eso fue lo que motivó a Steve McQueen a contratarle para dirigir la primera película de su nueva productora, Solar Productions, con la que quería tomar el control definitivo de su carrera cinematográfica. McQueen necesitaba un vehículo para su lucimiento personal y eligió una historia en la que el personaje principal era un policía íntegro que hacía lo que tenía que hacer, pese a todas las presiones a su alrededor.
El problema, desde mi punto de vista, es que la película falla como historia y se queda en poco más que eso, un vehículo de promoción para el propio McQueen. Éste brilla en cada secuencia en la que aparece (que son casi todas), pero que no empalma dos frases seguidas con soltura. Pero vamos, ni él ni ninguno de los que le rodean. El argumento en torno al testigo protegido es confuso. La actitud chulesca y desafiante de Vaughn es sorprendente. Los motivos por los que se «protege» a un testigo clave en un hotel de mala muerte, sin más protección que un policía adormilado y una cadena en la puerta son incomprensibles. Y la personalidad y motivaciones de Bullitt son un misterio para el espectador, desde el principio hasta el fin.
El problema: un escaso desarrollo de personajes
Al empezar la película vemos a Bullitt despertarse sólo de lo que parece un sueño superficial sin asearse, empalmando un turno con otro y malviviendo en un apartamento. Pero luego le vemos pasar los días y las noches con una mujer con la que parece tener una relación estable y conducir un Ford Mustang y un Porsche 356 Cabriolet, sucesivamente. No sabemos de dónde viene ni a dónde va. En esencia, no hay desarrollo ni profundidad en el personaje.
Precisamente anda por ahí Jacqueline Bissett en un papel absolutamente prescindible, como pareja romántica de Bullitt, a la que vemos dos veces tirada en la cama y una vez muy preocupada y atormentada en la playa por… por… no sé, por algo que sólo ella entiende y que McQueen tampoco comprende muy bien, a juzgar porque no responde ni una sola palabra.
También podemos ver a Robert Duvall en uno de esos papeles secundarios que hace cualquier actor antes de convertirse en una estrella. En 1968 Duvall no había hecho aún El Padrino ni MASH, pero se había estrenado de forma magistral en Matar a un Ruiseñor unos años antes. Y se nota que tiene un carisma especial en la pantalla. Y es que de eso va esta película. De carisma.
Comentaba un especialista que McQueen había puesto especial énfasis en que se viera bien su cara en la secuencia de persecución siempre que fuera posible, porque tenía la espina clavada de que todo el mundo le acusara de no haber hecho el famoso salto en moto de La Gran Evasión. McQueen, como apasionado al mundo del motor que era, como machito y como actor estrella, no soportaba que dudasen de su habilidad e hizo todo lo posible para transmitir aura y carisma en esta película. Antes de que existiera Tom Cruise, ya existía Steve McQueen.
Creo que Bullitt no es el peliculón policial que todo el mundo insiste en alabar, pero es indudable su impacto cultural, su originalidad y el enorme carisma de Steve McQueen. Para mi el mejor plano de la carrera no es el de los coches soltando humo, sino un primer plano de su cara que apenas durante dos segundos, completamente concentrado, con un maravilloso trabajo de fotografía por parte del cámara. Esa mirada es la esencia de una estrella de cine.